“Aconteció un día que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea y de Judea y de Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar.”
Lucas 5:17 RVR1960
Queridos amigos, a final de versículo llama la atención el hecho de que diga “el poder del Señor estaba con Él para sanar”, si Jesús es Dios mismo.
No hay forma de objetar que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre (Colosenses 2:9; Hebreos 1:3). Al asumir una naturaleza humana, Él se sometió voluntariamente a depender del Padre y del Espíritu Santo para cumplir con su ministerio terrenal (Hechos 10:38).
Por lo tanto, este versículo no niega su divinidad, sino que afirma su humanidad obediente, pues actuaba en el poder del Espíritu, en perfecta comunión con el Padre celestial.
La frase indica que, en ese momento específico, el poder de sanidad estaba manifiestamente activo, funcionando en la esfera visible y milagrosa del ministerio mesiánico.
El hecho de que Jesús obrara por el poder del Señor siendo Él mismo Dios nos enseña dependencia. Es un gran ejemplo para nosotros, pues si el Hijo eterno, encarnado, no vivió independiente del Padre, ¿cuánto más nosotros necesitamos vivir en dependencia, y caminar guiados y capacitados por el Espíritu? (Juan 5:30).
Ahora yendo al tema central del versículo, Jesús enseñaba con autoridad (Lucas 4:32). No repetía fórmulas humanas ni citaba a los rabinos de su tiempo para respaldarse. Su palabra tenía vida, discernimiento, y confrontación espiritual directa.
Su enseñanza era clara, con parábolas que revelaban el Reino de Dios, pero también con autoridad interpretativa de las Escrituras. Los oyentes notaban de inmediato algo diferente, puesto que no era un maestro más, era el Verbo encarnado, interpretando la Palabra viva con poder.
El cristiano debe tener hambre por ese tipo de enseñanza, la cual es rica, profunda, bíblica, confrontadora y centrada en Dios, lejos de las emociones sentimentales y los moralísimos.
El versículo describe que había una audiencia “especial”, pues estaban ahí los fariseos y doctores de la ley de toda la región, incluso de Jerusalén. Esto indica que Jesús era una figura impactante y controversial. Estos líderes religiosos venían a examinarlo, no necesariamente a aprender, ya que la autoridad de Jesús desafiaba su sistema religioso, y por tanto querían observarlo, cuestionarlo y finalmente desacreditarlo.
A menudo la verdad atrae multitudes, pero no todos vienen con el mismo corazón, pues muchos oyen la Palabra por curiosidad o por costumbre, pero por la dureza de su corazón no son transformados.
El poder sanador y la enseñanza de Jesús estaban en perfecta armonía. No solo tocaba cuerpos, sino corazones. Él no vino solo a aliviar dolores, sino a revelar al Dios verdadero. Aun frente a audiencias escépticas y autoridades calculadoras, Jesús enseñaba con verdad, y sanaba con compasión.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.