“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
Hechos 2:38
El orden correcto del perdón
Queridos amigos, este versículo ha sido uno de los más debatidos en la historia de la Iglesia, especialmente en relación con el bautismo. Leído superficialmente, podría parecer que el bautismo produce el perdón. Sin embargo, una lectura bíblica, atenta al contexto y al conjunto de la Escritura, muestra otra cosa muy distinta.
En el contexto inmediato, Pedro predica a judíos que han rechazado a Jesús, han participado (directa o indirectamente) en su crucifixión, están “compungidos de corazón” (Hechos 2:37).
Nace una pregunta, que no es ritual, sino existencial “¿qué haremos?”
Pedro responde con un llamado completo a la conversión, no con una fórmula sacramental.
Esta el mandato principal: “arrepentíos”, y esto es crucial, porque el arrepentimiento es el acto interno del corazón, pero el bautismo es una acción externa que lo acompaña.
El arrepentimiento y la fe son los medios por los cuales el pecador recibe el perdón, en tanto que el bautismo es el signo visible de esa realidad invisible.
Así, en Hechos 2:38, la idea es “bautícense en relación con el perdón que reciben mediante el arrepentimiento y la fe.” Por lo tanto, el bautismo no causa el perdón; el bautismo testifica públicamente del perdón recibido.
La enseñanza es clara en el resto del Nuevo Testamento, bajo la premisa de que la Escritura interpreta a la Escritura. El perdón se recibe por fe, no por ritos:
Efesios 1:7 “En Él tenemos redención… el perdón de pecados”
Romanos 3:24–25 “justificados gratuitamente por su gracia”
Romanos 5:1 “justificados por la fe”
Hechos 10:43 “todo aquel que en Él cree, recibe perdón”
Contamos con un ejemplo decisivo en Cornelio (Hechos 10), él cree, recibe el Espíritu Santo y luego es bautizado. El perdón y el Espíritu vienen antes del bautismo.
Entonces, ¿por qué Pedro une bautismo y perdón?
Porque en la iglesia primitiva el bautismo era la respuesta inmediata de fe, no existía la categoría de “creyente no bautizado voluntariamente”, fe y bautismo estaban estrechamente unidos en el tiempo, aunque no en la causa.
Pedro habla de la conversión como un todo, es decir arrepentimiento interno sumado a la fe en Cristo y al bautismo como confesión pública.
El bautismo es instrumental y declarativo, no salvador.
El bautismo como signo y sello, siguiendo Romanos 4:11 (circuncisión como “signo y sello”), el bautismo es signo del perdón recibido, sello de la promesa de Dios, marca visible de pertenencia a Cristo.
No comunica gracia, apunta a la gracia que ya ha sido concedida por medio de la fe.
Se debe evitar el error sacramentalista de que “el bautismo perdona pecados”, porque contradice la justificación por la fe sola, la suficiencia de la cruz, la enseñanza apostólica completa.
El bautismo no produce el perdón; pero confiesa y proclama el perdón recibido por gracia.
El perdón de pecados es por gracia, mediante la fe, a causa de Cristo, aplicado por el Espíritu Santo. El bautismo es la respuesta obediente del creyente a esa gracia, no su causa.
En conclusión, Hechos 2:38 no enseña salvación por bautismo, sino conversión integral. Pedro llama a arrepentirse, ese cambio real del corazón; a creer en Cristo a través del don de fe; a recibir el Espíritu, ese don soberano de Dios; a bautizarse, esa confesión pública del perdón recibido.
Podemos afirmar con toda claridad, que somos perdonados solo por gracia, solo por fe, solo por Cristo. El bautismo no añade perdón, sino que proclama el perdón ya otorgado.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.