“pero eso no significa que queramos dominarlos al decirles cómo poner en práctica su fe. Queremos trabajar junto con ustedes para que estén llenos de alegría, porque es por medio de su propia fe que se mantienen firmes.”
2 Corintios 1:24 NTV
Queridos amigos, en toda congregación cristiana que se jacte de organizada existe una agrupación conocida como la “reunión de jóvenes”. El objetivo es (debería ser) llevar a los jóvenes a los pies de Cristo y reforzar su fe orientándolos a vivir en obediencia como el Señor quiere, mostrándoles el camino con Biblia en mano.
Resulta que existen diferencias entre hermanos de cómo debería estar constituida dicha reunión, pues algunos argumentan que debería ser dirigida por jóvenes más crecidos espiritualmente y otros mencionan que quienes dirijan no deberían ser tan jóvenes, además de otras propuestas.
En mi criterio siempre deberían estar presentes algunas personas maduras (espiritualmente), por lo menos una. Las palabras del apóstol Pablo dirigidas a los corintios me llevaron a esta reflexión, pues no quiero que se malinterprete la idea de que algunos mayores participen en las reuniones de jóvenes, como si éstos quisieran “dominar” con la intención de decirles cómo poner en práctica su fe a los jóvenes.
Si hay algo terrible en nuestro modelo moderno de cristianismo es la dependencia enfermiza del pastor por parte de los fieles, que deberían ser fieles exclusivamente de Jesucristo y depender solamente de Él. Si un adulto crecido espiritualmente apoya en la reunión de jóvenes, de ninguna manera debería generar una actitud enfermiza de dependencia en los jóvenes; debiendo orientarlos, más bien, a desarrollar madurez espiritual para vivir mejor su vida cristiana.
Es menester del creyente crecido trabajar para que quienes son enseñados lleguen a tener una fe robusta sustentada en sana doctrina, para que no duden y sean como olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento (Santiago 1:6). Para que puedan tomar buenas decisiones, tan necesarias en el tiempo de la juventud, y para que se puedan hacer responsables por sus propias decisiones bajo el señorío de Jesucristo.
Todo creyente verdadero, ya sea crecido o no, puede y debe presentarse por sí mismo delante de Dios, esto implica que no debe estar sujeto a nadie más que a Jesucristo. Los pastores y los hermanos crecidos en fe son meros colaboradores del resto de hermanos. Es fundamental tener muy claro este criterio, pues es común observar tiranía espiritual por parte de muchos líderes “dizque” cristianos, que además se enseñorean de la fe de sus seguidores.
Los líderes (los colaboradores) deben aportar para el consuelo y gozo de sus hermanos en la fe, aunque el consuelo y gozo en realidad fluyen de la fe. Toda vez que sea necesario también deben reprender y exhortar con una disposición afectuosa y tierna para mantener la obediencia y la verdad.
El apóstol Pablo no andaba señalando con el dedo a sus hermanos, en realidad se resistía a reprenderlos, porque insistía en ver lo mejor en los demás, una maravillosa muestra de amor, misericordia y paciencia. Pero no dudaba en reprender cuando veía que se hacía necesario.
Lo peor es no actuar movidos por una falsa amabilidad o simplemente para evitar el disgusto. Por eso es mejor una colorada que varias amarillas, pues la suma de disgustos evitados puede conducir a un enorme disgusto que conlleve un peligro mayor.
Hemos de deponer el orgullo para resaltar el amor cuando queramos guiar a otros a buscar el bien. Es necesario buscar y encontrar el momento y condición adecuados para hablar, si no se encuentran es mejor callar hasta contar con el espacio adecuado.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.