“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”
Mateo 24:12, RVR1960
Queridos amigos, Mateo 24 es parte del llamado Discurso del Monte de los Olivos (Mateo 24–25), donde Jesús responde a la pregunta de los discípulos sobre la destrucción del templo, su venida, y el fin del siglo (versículo 3).
Jesús mezcla profecías de corto y largo alcance, tales como acontecimientos relacionados con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C, señales que preceden a su segunda venida y advertencias a sus discípulos sobre el engaño, la persecución, y la necesidad de perseverancia.
El versículo 12 forma parte de una sección donde Jesús está advirtiendo de cómo las condiciones en el mundo se tornarán cada vez más hostiles para la fe.
La expresión “por haberse multiplicado la maldad” implica “falta de ley” o “iniquidad”, es decir, una vida sin respeto por la ley moral de Dios. Así mismo, se refiere a un aumento generalizado del pecado, del desprecio por Dios, de la inmoralidad y de la impiedad.
Esto refleja claramente el estado caído del hombre (Romanos 3:10–18) y cómo, sin regeneración, la sociedad tiende hacia el pecado.
La expresión “el amor de muchos se enfriará” se refiere al término griego “ágape” para “amor”, que se refiere al amor cristiano sacrificial. La frase implica una debilitación del compromiso y afecto genuino hacia Dios y hacia los hermanos en la fe.
Notemos que no dice “el amor de todos”, sino “de muchos”, lo cual sugiere que no todos apostatarán — hay un remanente fiel preservado por Dios (Romanos 11:5).
Se profetiza una apostasía visible en la iglesia visible, no una pérdida de la salvación entre los verdaderos creyentes (1 Juan 2:19: «salieron de nosotros, pero no eran de nosotros»).
La doctrina de la perseverancia de los santos enseña que los verdaderamente regenerados no perderán su fe, aunque pasen por pruebas. Por lo tanto, este “enfriamiento” es evidencia de corazones que nunca fueron transformados por el Espíritu (Mateo 13:20-21, parábola del sembrador).
Los cristianos estamos llamados a velar por nuestro amor a Dios y a los hermanos (Apocalipsis 2:4–5: “has dejado tu primer amor”), porque el enfriamiento espiritual no sucede de golpe, sino progresivamente, por negligencia y ceguera espiritual.
En el contexto actual, donde la maldad se multiplica, la iglesia debe “encender” el amor mutuo (Hebreos 10:24). No podemos aislarnos para irnos lejos del mundo y tampoco debemos acomodarnos a la cultura, pues estamos llamados a ser luz en medio de la oscuridad (Filipenses 2:15).
A pesar de que la maldad crece, Cristo reina. Nada de esto escapa a su control. Nuestra esperanza no está en las circunstancias, sino en Aquel que dijo: “yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
Nos encontramos delante de una advertencia solemne y amorosa del Señor Jesús. Nos muestra que los tiempos difíciles revelan el verdadero carácter del corazón humano. En un mundo donde la iniquidad se multiplica, los cristianos somos llamados a perseverar en amor, aferrándonos a Cristo.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.