«Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.»

Marcos 14:36 RVR

La oración de Jesús en Getsemaní

Queridos amigos, Jesús se encuentra en el huerto de Getsemaní, pocas horas antes de su arresto y crucifixión. Ha compartido la última cena con sus discípulos, les ha anunciado su traición y abandono, y ahora se ha apartado a orar en angustia. Marcos 14:36 recoge una de las oraciones más íntimas y profundas del Hijo al Padre.

La «copa» que menciona Jesús hace referencia al sufrimiento que le espera: no solo físico, sino espiritual. Está a punto de cargar con el pecado del mundo y experimentar la separación del Padre. Es un momento en el que su naturaleza humana se expresa en su máxima vulnerabilidad, sin dejar de estar en perfecta obediencia.

En esta oración, Jesús afirma varias verdades teológicas cruciales: «Abba, Padre», es una expresión de confianza e intimidad. A pesar del dolor que le espera, Jesús se dirige a Dios con la cercanía de un hijo amado.

«Todas las cosas son posibles para ti», en estas palabras Jesús reconoce la soberanía y el poder absoluto del Padre. Esta declaración no es duda, sino reverencia ante su omnipotencia.

«Aparta de mí esta copa» expresa la humanidad real de Jesús. El sufrimiento no es algo que él busque por sí mismo. Aunque conoce el plan eterno de redención, ora con honestidad sobre su angustia.

«Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú» es la rendición perfecta. Jesús no ora para torcer la voluntad del Padre, sino para someter la suya en perfecta obediencia. Aquí se manifiesta la fidelidad del verdadero Hijo que Adán y todos los hombres fallaron en ser.

Todo esto subraya que Jesús no vino meramente a mostrarnos un camino moral, sino a cumplir el plan soberano de redención que el Padre había decretado desde antes de la fundación del mundo (Hechos 2:23, Isaías 53:10). Aun cuando su alma humana se estremece, su voluntad está completamente alineada con la del Padre.

Podemos orar con honestidad, rindiéndonos a su voluntad. Jesús nos enseña que es legítimo expresar nuestros temores y deseos a Dios, pero siempre con una actitud de sumisión. Como creyentes, a veces nos enfrentamos a pruebas que no entendemos, pero la verdadera fe no está en evitar el dolor, sino en confiar en Dios en medio de él.

La obediencia es más profunda que las emociones. Jesús no “tenía” ganas de ir a la cruz, pero eligió obedecer. Así también nosotros, cuando nuestras emociones nos empujan a retroceder, somos llamados a obedecer por fe.

Nuestro sufrimiento, como creyentes, no está fuera del plan de Dios. Muchas veces anhelamos que “la copa pase de nosotros”, pero debemos recordar que Dios está obrando incluso en las situaciones más duras. Jesús bebió hasta la última gota de la copa para que nosotros seamos reconciliados.

Hermanos, si estamos atravesando una situación difícil y nuestra alma clama que esa copa pase de nosotros, no estamos solos. Jesús estuvo allí antes que nosotros. No estamos llamados a ser fuertes por nosotros mismos, sino a rendirnos en confianza. La voluntad del Padre no siempre es fácil, pero siempre es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.

“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.

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