“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”
Mateo 5:5-7 RVR1960
Queridos amigos, en nuestro diario vivir solemos hacer cosas malas, que después deseamos revertir haciendo obras buenas.
De ejemplo basta un botón, después de maltratar a alguien, cuando nos remuerde la consciencia muchos no solemos pedir perdón, y por eso nos ideamos formas de compensación que creemos satisfarán al damnificado.
No mostramos pobreza de espíritu, ni mansedumbre, ni misericordia, ni sed y hambre de justicia, ni un sentido de paz, ni un corazón limpio dentro del anterior ejemplo y en casi todo nuestro accionar durante nuestro pasar por este mundo como Jesucristo quiere que lo hagamos.
Algunos dirán que exagero, pero si sumamos no solo nuestras acciones, sino nuestros pensamientos, deseos y pasiones me arriesgo a decir que estoy en lo cierto, porque no estamos en condiciones de cumplir ni siquiera una de las bienaventuranzas.
El mensaje general de Jesús en el sermón del monte es: cumplan con lo que les digo y serán felices, felices, felices, tres veces feliz significa infinitamente feliz o bienaventurado.
El hombre natural no está en condiciones de cumplir lo que el Señor pide, sonaría a querer hacer declamar a mi perro, un pedido sin sentido.
Por eso las bienaventuranzas están pensadas para el hombre espiritual, para el convertido, para el creyente.
Viviendo bajo el poder del Espíritu Santo y anhelando seguir a Jesucristo recién es posible llegar a entender el sentido profundo y el maravilloso resultado de un estilo de vida contrarío al del mundo.
Alabado sea nuestro Señor Cristo Jesús por sus enseñanzas que son tan opuestas a las del mundo, porque para el mundo es normal llamar dichoso al orgulloso y admirar al alegre, al rico, al poderoso y al exitoso. Por esos motivos se los ve a los creyentes verdaderos como lunáticos alejados de la realidad.
Estas características de los bienaventurados representan los rasgos principales del ser cristiano. Jesús en su divinidad cumplía todos estos atributos imposibles de cumplir para el hombre que no ha nacido de nuevo, cuyo espíritu no ha sido regenerado, porque no ha recibido el don de gracia del Dios Padre.
El nacido de nuevo se deleita con lo que es locura para el hombre natural, además de que vive con la firme esperanza de las promesas de Dios, por lo que su felicidad eterna comienza en este mundo.
Está bendecido con paz y gozo por lo que puede dar la bienvenida con alegría en el corazón a circunstancias difíciles y dolorosas.
Mi más profundo deseo es que Dios les bendiga con su infinita gracia y que puedan ser bienaventurados.
Les deseo un día bendecido.
Por favor lean el texto completo de las bienaventuranzas y medítenlo:
“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.”
Mateo 5:1-12 RVR1960