Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),”
Efesios 2:4-5 RVR1960
Queridos amigos, es menester recordar que las epístolas del Nuevo Testamento están dirigidas expresamente a creyentes, pues no podrían aprovechadas por impíos, porque éstos ven las Escrituras con indiferencia, las ponen en tela de juicio o las rechazan por falta de entendimiento.
El que está muerto en pecados está alejado de Dios, entonces no puede comprender en su esencia las cosas de Dios, por lo tanto las encuentra extrañas y hasta repelentes, porque no condicen con su manera de pensar de acuerdo al mundo.
El estado de muerte espiritual es común a todos los hombres; se trata de una condición generada por el pecado, que ningún ser creado puede cambiar. Por lo tanto, nadie puede hacer algo a favor de dicha condición a no ser Dios, que decide bendecir al hombre natural sólo por gracia.
El apóstol Pablo no se cansa en su insistencia de que la salvación es sólo y únicamente por gracia. No se puede ganar la salvación haciendo buenas obras, pero existe un sinnúmero de personas que insiste a su vez en que la salvación puede ser por obras, negando una doctrina clara e indiscutible, precisamente porque no tienen ojos para ver, porque el Espíritu Santo no obró sobre su espíritu muerto en pecados.
Nadie puede ganarse la salvación de ninguna manera. Dios es suprema perfección y las obras imperfectas de los hombres no son suficientes para Él, sólo lo perfecto es bueno y suficiente para Él. El hombre imperfecto por naturaleza nada puede ofrecerle a Dios en el ámbito de lo perfecto. Entonces, si alguien habrá de tener acceso a Dios, será porque Dios se lo concede a través de una maravillosa y única donación conocida como gracia.
¿Por qué Dios le brinda algo a alguien que se la pasa agrediendo su santidad? Gracias a la naturaleza de Dios, que es rico en misericordia, y a causa de su gran amor con que ama a sus escogidos decide dar vida nueva en función a su infinita misericordia.
Él tiene misericordia de quien quiere tener misericordia. Su misericordia es abundante y generosa. A través de su atributo de misericordia Dios se compadece de la miseria en que se encuentra el pecador, tomando Él la iniciativa de atraerlo a Sí.
Por la gracia de Dios los nacidos de nuevo ya no viven bajo el poder del pecado, porque la obra de cruz de Cristo destruyó ese poder en sus vidas. Él pagó por el pecado de todos aquellos que creen en Él, la justicia de Dios se manifestó por medio de la fe en Jesucristo (Romanos 3:21-22). La fe en Cristo Jesús declara “no culpables” a los que creen en Él delante del trono de justicia de Dios.
Dios prodiga de su amor misericordioso a través de su Hijo Jesucristo a quienes no merecen nada más que la ira divina. Por misericordia el merecedor de ira recibe la bendición de gracia como resultado del infinito amor de Dios; el ser amado con un amor tan compasivo a pesar de no merecer nada más que la condenación es algo en definitiva sublimemente hermoso y glorioso.
Se observa cómo el mismo poder de Dios que levantó a Jesús de la muerte, opera sobre los escogidos de Dios para vivificarlos juntamente con Él, es decir les otorga vida nueva juntamente con Cristo Jesús. La salvación es el resultado de la unión con Cristo en su muerte y en su resurrección.
La resurrección de Cristo es la garantía de regeneración espiritual para muchos, que se salvarán por gracia. La salvación proviene de una fuente externa al hombre y no está relacionada con obras ni méritos. Todo lo que el convertido recibe de Dios es por sola gracia.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.