cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
Santiago 4:14 RVR1960
Queridos amigos, cuando era niño escuchaba decir “la vida es corta” y me parecía muy extraño, pues pensar sólo en la llegada del año 2000 me parecía una eternidad.
Cincuenta años después y por experiencia propia puedo aseverar que el paso por este mundo es definitivamente corto, por mucho tiempo que vivamos. Incluso una larga vida aquí en la tierra, al acabar, parecerá un vapor que se desvanece para siempre. Posponer ciertas cosas pensando que se tiene tiempo, suele ser un grave engaño.
El hombre natural ambicioso se pone metas para su vida, en las cuales no suele incluir la adoración a Dios; extrañamente terminará decepcionado por apartar al Señor de su vida; si no llega a darse cuenta durante su vida, no tardará en hacerlo después de su muerte.
Sin Dios la vida en este mundo no tiene sentido, porque será intrascendente, especialmente sabiendo el final que les espera a todos los pecadores sin Dios, que pasan por este mundo. Sin Dios morando en el corazón sería mejor no haber nacido.
Si bien planificar es una práctica buena, se puede pensar que todo saldrá de acuerdo a lo planificado, siempre y cuando Dios así lo quiera. Es presuntuoso pensar que las cosas saldrán como uno quiere, porque la vida en este mundo no sólo es complicada y compleja, también es incierta y volátil, además de ser muy ambigua. Y a todo esto se suma la condición incrédula, escéptica y enojada del común de la gente.
Todas estas condiciones deberían frenar la confianza del hombre en el futuro, la cual en verdad es vana. ¿Acaso no es vano buscar lo bueno sin la guía y bendición de Dios? Por la bondad y misericordia de Dios el hombre natural llega a pensar que lo puede todo, o casi todo. Por eso vive haciendo proyectos para el futuro, pero tiene a la incertidumbre como su gran enemiga, pues lo único seguro de su vida es que llegará el día de su muerte, pero no hay nada más incierto que el día en que uno morirá.
La condición del mundo puede llevar a muchos al desconsuelo, pero eso no sucede con quienes confiamos en Dios. No interesa cuán incierta sea la vida, el miedo y la pasividad no nos frenarán, si le entregamos nuestras vidas a Dios en total dependencia de Él.
Ante tal situación la solución es pedirle al Espíritu Santo que nos enseñe y nos guíe a elegir lo correcto, lo mejor sería que Él elija por nosotros. Esa es la mejor manera de aprovechar al máximo de esta vida breve y transitoria, esforzándonos por descubrir la voluntad de Dios para cada uno de nosotros para después hacerla.
Nunca debemos decir haremos lo uno o lo otro omitiendo el “si Dios quiere”. Si se menciona la voluntad de Dios en medio de nuestra vida, no debe ser por puro formalismo, como cuando decimos “que sea lo que Dios quiera” cuando en realidad estamos pensando en forzar a Dios como hijos caprichosos para que Él sí quiera.
“Si el Señor quiere” debe ser sincero, porque si las cosas no salen como habíamos pensado, estaremos agradecidos con Dios por cómo salieron. La voluntad de Dios es buena y perfecta, entonces pidamos a Dios que se haga su voluntad en nosotros cada día de nuestras vidas.
Si esperamos para entregarnos a Dios y servirle será demasiado tarde. ¿Cómo podríamos esperar algo de parte de Dios, si le entregamos nuestros mejores años al diablo y no pensamos en traerle a Él más que el ocaso de nuestra vida? No deberíamos sorprendernos que Dios nos entregue a nuestro viejo señor de nuevo para que él nos pague el salario que nos corresponde.
Debemos recordar a nuestro creador desde los días de nuestra juventud (Eclesiastés 12:12) y así podremos transcurrir por esta corta vida con paz y gozo a pesar de todo. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará (Juan 12:25).
Les deseo la bendición de gracia de nuestro Señor.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.