«Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás), Para que viva en adelante para siempre, Y nunca vea corrupción.»
Salmos 49:6-9 RVR1960
Queridos amigos, en este mundo uno de los mayores sueños es llegar a ser rico.
Sin embargo las riquezas pueden ser de maldición.
Recordemos que no existe ningún rico que no haya de salvarse de la muerte a través de sus riquezas. Los ricos pueden paliar en cierta manera el dolor físico, pero no pueden escapar de la enfermedad y del sufrimiento.
En muchos casos la preocupación por cuidar sus bienes les causa angustia y en verdad no son más felices que otros que viven con lo suficiente.
Pasando al ámbito espiritual las riquezas tampoco ayudan mucho. La palabra es clara cuando dice que no existen riquezas suficientes como para redimirse ante Dios.
La única forma de redimirse ante Dios es a través de Jesucristo y su muerte en la cruz. Él es suficientemente rico como para pagar el precio de nuestro pecado, porque es dueño y Señor del universo.
En ninguna parte de la Biblia dice que Dios nos prosperará con riquezas. Sin embargo hay falsos maestros que enseñan el «evangelio de la prosperidad». Quisiera saber cuántos ricos hay entre los que les siguen, los únicos ricos son los falsos maestros.
Busquemos más bien las riquezas del reino de Dios. Aceptemos con alegría lo que Dios nos da. Recordando lo que decía el apóstol Pablo: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»
Romanos 8:28 RVR1960
Por lo tanto no importa si somos pobres o sufrimos porque a los que amamos a Dios todas las cosas nos ayudan para crecimiento espiritual y para vida eterna.
Que Dios les bendiga con su gracia.