“Saca contigo todos los animales que están contigo, de toda carne: aves, y bestias, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra.”
Génesis 8:17
Queridos amigos, este mandato se da cuando el diluvio ha terminado y Dios ordena a Noé que libere a los animales del arca para que repueblen la tierra. Sin embargo, para el lector moderno surge una pregunta natural: ¿cómo pudo Noé llevar todos los animales del mundo? Especialmente cuando pensamos en especies distribuidas hoy en diferentes continentes, como el tigre, el canguro, el pingüino o el dragón de Komodo.
El texto de Génesis no dice que Noé llevó cada especie moderna, sino representantes de cada “tipo” o “género” básico de animales. Se usa la expresión “según su especie”, que probablemente se refiere a grupos biológicos más amplios que las especies actuales.
Esto significa que no era necesario llevar todas las razas de perros, todas las especies de felinos, todas las variedades de aves.
Por ejemplo, un par de felinos podría dar origen con el tiempo a leones, tigres y leopardos; o un par de caninos podría dar origen a lobos, coyotes y diferentes razas de perros. La diversidad actual puede haber surgido mediante variación dentro de grupos creados.
Después del diluvio, los animales se multiplicaron y se dispersaron por la tierra.
A lo largo de generaciones aparecieron adaptaciones al clima, cambios en tamaño, variaciones en color y comportamiento. Esto explica cómo grupos básicos pudieron dar origen a muchas especies actuales.
La Biblia misma lo afirma: “Fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra.” (Génesis 8:17)
En cuanto a la cuestión de los continentes y el tiempo es donde surge una diferencia importante con muchas explicaciones modernas. Hoy se enseña comúnmente que los continentes se desplazaron lentamente durante millones de años, y que la distribución actual de los animales es resultado de ese proceso larguísimo.
Sin embargo, desde una lectura bíblica, surgen algunas observaciones: El tiempo bíblico es más corto, la Escritura presenta la historia humana y de la tierra en una escala mucho más breve, no en millones de años.
El diluvio mismo fue un evento catastrófico global, capaz de producir transformaciones geográficas intensas, reorganización de la superficie terrestre, cambios rápidos en el ambiente. Esto abre la posibilidad de que procesos que hoy se consideran lentos hayan ocurrido de forma mucho más acelerada.
Génesis 10:25 dice: “En sus días fue repartida la tierra.” Algunos intérpretes han entendido esto como una referencia a cambios geográficos significativos, o a la separación de masas continentales en una etapa posterior al diluvio.
Esto sugiere que la configuración actual del mundo no necesariamente fue siempre igual.
Después del diluvio, los animales comenzaron a expandirse, algunos hacia Asia, otros hacia África, otros hacia regiones frías o aisladas.
Con el tiempo, ciertas poblaciones quedaron separadas, lo que favoreció especialización, adaptación, desarrollo de características únicas.
Así pueden explicarse animales específicos de ciertas regiones, como el tigre en Asia, el canguro en Australia, el pingüino en zonas frías.
La diferencia entre la visión bíblica y la visión moderna no es solo científica, sino también de punto de partida. La visión moderna parte de la idea de millones de años y procesos lentísimos; la otra parte de la revelación bíblica y de eventos históricos reales como el diluvio, que la visión moderna podría cuestionar.
El punto clave no es negar que existan procesos naturales, sino reconocer que la Biblia presenta intervenciones divinas que alteran radicalmente la historia.
Es importante recordar que el objetivo principal del texto bíblico no es dar un tratado de zoología o geografía, sino mostrar que Dios preservó la vida en medio del juicio; que el arca fue el instrumento de esa preservación; que después del diluvio, Dios permitió que la creación comenzara nuevamente.
La orden de Génesis 8:17 recuerda el mandato original: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:22), es como si la historia de la creación comenzara de nuevo.
Aunque el relato del arca plantea preguntas sobre la diversidad animal actual, el texto sugiere que Noé no necesitó llevar cada especie moderna, sino solo representantes de grupos básicos.
A partir de esos grupos, la vida animal pudo multiplicarse, adaptarse, y dispersarse por toda la tierra. El versículo marca así el inicio de una nueva etapa para la creación, donde Dios preserva la vida y permite que el mundo vuelva a llenarse de criaturas vivientes.
Y por encima de cualquier modelo humano, el relato afirma una verdad indiscutible, que la historia de la vida no está gobernada por el azar, sino por la soberanía de Dios.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.