“Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír.”
Deuteronomio 29:4 RVR1960
Queridos amigos, una nueva generación de israelitas estaba acampada en Moab y estaba siendo preparada por Moisés para entrar en Canaán, la tierra prometida por Dios.
Moisés se ocupó de recordarles lo que Dios había hecho a favor de Su pueblo y contra Faraón en Egipto, no hacía mucho tiempo de tan espectaculares sucesos. El maravilloso poder de su Dios había obrado con señales y prodigios para liberarlos de la dura esclavitud a la que habían estado sometidos por algunos siglos (Éxodo: 7:3; Deuteronomio: 4:34).
Lamentablemente los israelitas no pudieron comprender el verdadero significado de estos maravillosos hechos gracias a la dureza de su corazón. Esta falta de entendimiento se originó en la rebelión contra Jehová de aquellos que habían salido de Egipto. La consecuencia de haberse rebelado fue el castigo de vagar por el desierto durante cuarenta años.
A pesar de su pecado de rebelión Dios no había dejado de proveer para las necesidades de Su pueblo escogido. Obró más maravillas al no permitir que ni sus vestidos ni sus calzados se gastasen en un clima tan tórrido y en tan largo tiempo y les regalo el maná para que no pasaran por hambre ni por desnutrición, además les proveyó de agua para que pudieran saciar la gran sed que se suscita en el desierto. Pero ninguno de ellos sobrevivió para entrar en la tierra prometida, todos perecieron en el desierto.
Moisés le estaba recordando a la nueva generación, que existía un pacto realizado en Horeb, el cual recién se estaba haciendo efectivo, pues se encontraban a puertas del cumplimiento de la promesa de Dios. Dadas las circunstancias pasadas no se podía dar por sentada la existencia de un pacto con Jehová, era necesario que esta gente se comprometiese nuevamente. Es el compromiso que cada uno debe asumir personalmente a fin de apropiarse de las bendiciones y promesas de Dios.
Dios provee mucho más allá de alimentos y vestimenta, incluso a muchos de aquellos a quienes no los bendice con gracia, les regala riquezas y prosperidad. Estas personas disfrutan de Sus dádivas sin tener el corazón para comprender de dónde vienen y menos para agradecerle a Dios.
Las misericordias que recibimos del cielo deben ser motivo de obediencia, pero a pesar de ello, muchos se rebelan. La rebelión se suscita por la falta de ojos para ver y oídos para oír, además de un corazón endurecido.
Los sentidos espirituales de ver y oír, y un corazón con entendimiento son regalos de Dios. Si alguien los posee, es porque Dios se los ha dado. Para que esto suceda es necesario nacer de nuevo a través de la regeneración espiritual por el poder del Espíritu Santo y creer en Jesucristo como Señor y salvador mediante el don de fe, que también viene de Dios.
En Marcos 8:14-21 observamos cómo los discípulos de Jesús estaban faltos de entendimiento. El Maestro les mandó que se guardaran de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. La conclusión que sacaron fue la de no haber llevado pan. No habían entendido nada hasta ese momento, porque todavía tenían endurecido el corazón. Aún no habían recibido el don del cielo.
Benditos quienes somos conscientes de una vida nueva, especialmente por el anhelo en el corazón de ser obedientes.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.