¿SE SECÓ LA ESPERANZA? DIOS DA VIDA A LOS HUESOS SECOS

“Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.”

Ezequiel 37:11 RVR1960

Queridos amigos, una visión alucinante la de Ezequiel, un campo donde se encontraban miles de huesos secos esparcidos. Sólo el hecho de encontrarse delante de un panorama tan desolador ya es suficientemente impactante, pensar cómo murió tanta gente aún más, pero al saber que esos huesos eran la casa de Israel debió abrumar sobremanera a Ezequiel.
Toda vitalidad fue quitada de los cuerpos, al extremo de que los huesos se secaron y blanquearon, y con ellos en ese estado pereció toda esperanza, porque todos fueron destruidos. Los huesos estaban completamente secos, todo vestigio de vida había sido quitado de ellos, no cabía pensar en que pudiera haber al menos algo de esperanza.
La nación judía se había asemejado durante mucho tiempo a esos huesos secos, pues habían abandonado toda esperanza de revivir el reino de Israel, después de haber pasado diez largos años en Babilonia. Se requería de un milagro para avivar a la desesperanzada nación.
De similar manera el estado de los pecadores puede ser descrito en los mismos términos. La condición de pueblos enteros constituidos por almas pecadoras es comparable a la desgarradora escena de una batalla reciente, pues su única esperanza es perecer dentro del montón de cadáveres que terminarán como huesos resecos.
Sin embargo, el poder de Dios puede cambiar aún las vidas de quienes piensan no tener ni la más remota esperanza, porque están en un estado calamitoso de desfallecimiento. Nadie puede obrar vida sobre huesos secos, excepto el Creador de todas las cosas. Sólo Dios tiene el poder de dar vida, tanto física como espiritual.
En un acto de maravilloso poder a los huesos les fueron devueltos su carne y su piel y al viento le fue dicho que soplara sobre ellos, y volvieron milagrosamente a la vida. El viento representa al Espíritu de Dios y su poder vivificante. Es una analogía sobre el obrar del Espíritu en la regeneración espiritual de aquellos pecadores muertos en delitos y pecados, que son traídos a vida nueva.
Muchas veces a los cristianos nos parece que estuviéramos hablándoles a los muertos cuando la audiencia no responde al mensaje del Evangelio. Es necesario que los que están en sus tumbas oigan la palabra de Dios. Pero hay muertos que sí responden, porque éstos son vivificados a vida espiritual nueva por el poder del Espíritu Santo. No puede haber vida sin que el soplo divino pase sobre los muertos.
Se espera un cumplimiento literal de la promesa en el caso de los judíos. De la misma manera en cómo Dios vivificó los huesos secos, volverá a dar vida a este pueblo espiritualmente muerto. Supliquemos al Dios todopoderoso para que también se cumpla con nuestro pueblo, con nuestro vecindario, con nuestras congregaciones.
Mientras predicamos el evangelio, debemos pedirle al Espíritu que obre, porque sin regeneración la conversión es imposible. Fijemos nuestros ojos en Aquel que con su poder puede sacarnos de la tumba, y nos sacará para juicio, para que nos libre del pecado poniendo su Santo Espíritu dentro de nosotros.
Les deseo la bendición de gracia.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.

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