¿TENGO REALMENTE FE EN DIOS O CREO MÁS EN MÍ MISMO?

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.”

Proverbios 3:5-6 RVR1960

Queridos amigos, en la sociedad moderna, muchas personas afirman creer en Dios, pero lo hacen «a su manera».

Seleccionan aspectos de la fe que les resultan cómodos y rechazan las doctrinas bíblicas que desafían su estilo de vida o sus ideas preconcebidas. En este artículo planteo analizar, desde un fundamento bíblico, si esta postura puede considerarse una fe genuina en Dios o una forma de autoengaño.

¿QUÉ IMPLICA CREER EN DIOS?

La fe en Dios no consiste únicamente en reconocer su existencia. La Biblia deja claro que incluso los demonios creen, pero esta creencia no los lleva a la salvación: Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan (Santiago 2:19). Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6).

La fe genuina implica un compromiso total con Dios, basado en su Palabra y en la obediencia a sus mandamientos.

EL PELIGRO DE SELECCIONAR AQUELLO QUE SE QUIERE CREER

Muchas personas rechazan partes de la Biblia que les resultan incómodas o ilógicas, prefiriendo construir una versión personalizada de la fe. Sin embargo, este enfoque es condenado en las Escrituras: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas (2 Timoteo 4:3-4). Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte (Proverbios 14:12).

Cuando las personas moldean a Dios según sus deseos, terminan adorando un ídolo hecho a su medida, no al Dios verdadero.

LA AUTORIDAD DE LA PALABRA DE DIOS

La Biblia no es un bufet donde se elige lo que a uno le apetece. Toda ella es inspirada por Dios y esencial para una relación correcta con Él: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia (2 Timoteo 3:16-17). Jesús dijo: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4).

Rechazar partes de la Escritura equivale a desafiar la autoridad misma de Dios.

EJEMPLOS BÍBLICOS DE RESISTENCIA A LA PALABRA DE DIOS

La Biblia presenta casos de personas que rechazaron la verdad porque no les convenía: El joven rico (Mateo 19:16-22): Quería seguir a Jesús, pero no estaba dispuesto a renunciar a sus riquezas. Su amor al dinero lo llevó a rechazar la invitación de Cristo. Los fariseos (Juan 5:39-40): Estudiaban las Escrituras, pero se negaban a venir a Jesús para tener vida. Jonás (Jonás 1:1-3): Aunque era profeta, intentó huir del mandato de Dios porque no quería que Nínive se arrepintiera.

En cada caso, el rechazo parcial o total a la voluntad de Dios trajo consecuencias, y todas negativas.

LA LLAMADA AL ARREPENTIMIENTO Y A LA OBEDIENCIA

Dios no acepta una fe a medias. Él demanda una entrega completa y una disposición a someternos a toda su Palabra, no solo a las partes que nos gustan: Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14:15). ¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Lucas 6:46). Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás (Deuteronomio 12:32).

La fe genuina se demuestra en la obediencia y en la aceptación de toda la enseñanza de Dios.

CONSECUENCIAS DEL RECHAZO PARCIAL

Rechazar partes de la Palabra de Dios lleva al autoengaño y finalmente a juicio: Jesús advierte que no todos los que le llaman «Señor» entrarán en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre (Mateo 7:21-23). Hay una advertencia solemne contra añadir o quitar palabras de las Escrituras (Apocalipsis 22:18-19).

Estas consecuencias muestran que no podemos abordar nuestra relación con Dios bajo nuestros propios términos.

RELEVANCIA PARA EL CRISTIANO

Para los cristianos, este análisis es una seria advertencia contra caer en una fe superficial o acomodada. También es un llamado a proclamar el Evangelio en su plenitud, confrontando el error con amor y verdad: Exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 1:3). Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo (Efesios 4:15).

Creer en Dios «a nuestra manera» es crear un ídolo a imagen de nuestros deseos y no estar dispuestos a rendirnos ante el Dios vivo. La fe auténtica implica aceptar toda la Palabra de Dios, someternos a su señorío y vivir de acuerdo con sus principios.

Escogeos hoy a quién sirváis… Pero yo y mi casa serviremos a Jehová (Josué 24:15).

Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.

“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.

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