UNA FAMILIA QUE AMA A DIOS, PERMANECE UNIDA

“Amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras… las repetirás a tus hijos.”

Deuteronomio 6:5–7

Queridos amigos, hablar del amor a Dios es hablar del corazón de la fe cristiana. Pero ese amor no se vive solo en el templo, se vive principalmente en el hogar. La familia es el primer altar donde se expresa nuestra devoción al Señor. Una familia que ama a Dios es una familia que camina bajo su gracia, aun en medio de luchas, debilidades y crisis.

Hoy no solo nos preguntamos de manera individual, sino a nuestro hogar entero: ¿Sigue ardiendo el amor por Dios en nuestra familia?

El amor a Dios es el fundamento de la familia cristiana, porque la Escritura no comienza diciendo: “Ama a tu familia”, sino primero: “Amarás a Jehová tu Dios…” Deuteronomio 6:5.

El orden es crucial: Primero Dios, luego el prójimo, luego la familia. Porque cuando Dios deja de ser el centro el matrimonio se debilita, los hijos se desorientan, el hogar se vuelve frágil.

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” Salmo 127:1.

La familia más sólida es la que tiene amor vivo por Dios.

Veamos cómo se enfría el amor por Dios dentro del hogar. Un cristiano verdadero puede amar a Dios, pero permitir que su amor se enfríe por descuido espiritual. Lo mismo ocurre con la familia.

Cuando la fe se vuelve solo tradición, se empieza a orar por costumbre, leer la Biblia sin corazón, asistir a la congregación sin devoción. “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí” Isaías 29:13. El hogar se vuelve religioso, pero no espiritual.

Cuando el mundo entra al hogar como señor las pantallas, el trabajo excesivo, el entretenimiento, las redes sociales… todo ocupa el tiempo que antes era para Dios.

“No améis al mundo…” 1 Juan 2:15. No es que estas cosas sean malas en sí mismas, pero cuando desplazan a Dios, enfrían el alma.

El amor a Dios en el hogar se enfría cuando no se cultiva la fe en los hijos. Dios ordenó:

“Las repetirás a tus hijos…” Deuteronomio 6:7. La fe no se hereda automáticamente, debe ser enseñada, modelada y vivida. Si los hijos ven un cristianismo sin gozo, sin oración, sin Biblia, aprenderán que Dios no es importante.

¿Qué hacer para volver al primer amor como familia?

Cristo da la respuesta en Apocalipsis 2:5: “Recuerda… arrepiéntete… y haz las primeras obras.”

Recordar cómo Dios salvó a la familia, cómo respondió oraciones, cómo sostuvo en tiempos difíciles. “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” Salmo 103:2

Es necesario arrepentirse no solo de pecados personales, sino del descuido espiritual, de la frialdad, de la indiferencia familiar hacia Dios. “Si se humillare mi pueblo… yo oiré desde los cielos” 2 Crónicas 7:14.

Es necesario volver a orar juntos, a leer la Palabra en casa, a hablar de Dios con los hijos, a congregarse con gozo.

“Perseveraban en la doctrina… en la comunión… y en las oraciones” Hechos 2:42

El amor a Dios se refleja en el amor familiar, porque una familia que ama a Dios aprende a perdonarse (Efesios 4:32), a soportarse (Colosenses 3:13), a servirse (Gálatas 5:13), a edificarse (Efesios 4:29).

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” 1 Juan 4:19. Cuando el amor de Dios llena el hogar, el hogar se convierte en un testimonio vivo del Evangelio.

Y esta es una promesa para las familias: Dios no busca hogares perfectos, sino corazones rendidos. “Yo y mi casa serviremos a Jehová” Josué 24:15. Esa no fue una frase emocional, sino un compromiso espiritual.

Dios sigue restaurando familias hoy, continúa encendiendo corazones fríos y no deja de llamar a los hogares a volver a Él.

Podemos afirmar con plena certeza que una familia que ama a Dios permanece unida, no porque no tenga problemas, sino porque tiene un fundamento eterno.

Si el amor se ha enfriado, Cristo no dice: “Me fui”, dice: “Vuelve.”

Vuelve a la Palabra, vuelve a la oración, vuelve a la cruz, vuelve al primer amor. Porque cuando Dios ocupa el lugar que le corresponde en el hogar, el hogar vuelve a ocupar su lugar en el corazón de Dios.

Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.

“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.

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