«Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.»
2 Juan 1:9 RVR1960
Queridos amigos, en variadas ocasiones he escuchado de personas que se dicen cristianas y que éstas en algún momento de su vida (supuestamente) se habrían alejado de Dios para continuar una vida mundana, para luego volver al cristianismo.
Ya lo dice Juan cualquiera que se extravía, se podría decir que se aleja, y no es perseverante en su vida cristiana, ese no tiene a Dios y nunca lo tuvo.
En otras palabras quien diga que se alejó de Dios, nunca estuvo con Él, aunque haya vivido una (supuesta) vida intensa cercana de la divinidad.
Solo se trata de una serie de emociones y experiencias espirituosas similares a las que viven personas de religiones que no tienen al verdadero Dios.
Las personas que dicen haberse alejado de Dios no poseen fe genuina, su fe es de orden intelectual y es su intelecto junto con su carne, el mundo y quizás Satanás que operan para que se alejen de su vivencia religiosa.
Nadie que haya recibido el llamamiento eficaz de Dios se separará de su amor, una vez que Dios te tomó de la mano no te la volverá a soltar jamás.
Eso significa que el creyente verdadero ha sido convertido a través de la fe genuina y que el efecto de esa fe es el amor a Dios.
El que ama a Dios no quiere abandonarle jamás, a pesar de que cae en pecado una y otra vez.
No obstante ello su profundo anhelo es ser obediente al Señor y por eso vive en arrepentimiento, pidiendo perdón por su pecado.
El que ha sido bendecido con la fe genuina muestra un cambio tangible y radical en su vida, mientras que él que tiene solo fe intelectual puede que muestre algunos cambios, que en general son de índole externa.
Los cambios tangibles se refieren a un cambio radical de actitud, de pensamiento y un deseo profundo de ser obediente a Dios.
Eso es perseverar en la doctrina de Cristo, por tanto esa persona sí tiene al Padre y al Hijo y no se alejará jamás.
Mi mayor deseo es que Dios les bendiga con su gracia.