UNA FE QUE REALMENTE TRANSFORMA LA VIDA

“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,”

Efesios 4:17 RVR1960

Queridos amigos, existen muchos que se definen como cristianos sin haberse despojado de su vieja manera de vivir.
Se autodenominan creyentes sin asumir una nueva vida en Cristo la cual llena todos los vacíos. Se trata de cristianos nominales, que calientan el banco de su congregación todos los domingos oyendo pasivamente lo que su pastor les quiere contar y asistiendo a reuniones “cristianas” entre semana para un sano entretenimiento. Creen estar en luz, sin embargo, siguen en tinieblas, porque están desprovistos de todo conocimiento salvador.
Tan duro como suena, es imprescindible enfatizar la distinción entre fe genuina y fe intelectual, es decir entre creyentes verdaderos y creyentes nominales. Y eso es lo que el apóstol Pablo hace cuando les exhorta a los efesios a no ser como los otros gentiles.
Parece arrogante decir que el cristiano verdadero no anda y no debe andar en la vanidad de su mente. Entender el significado de vanidad de la mente nos puede ayudar. Recordemos que el convertido cuenta con una mente renovada y anhela rendirla por completo a Cristo su Señor (Romanos 12:2).
La vanidad de la mente está estrechamente relacionada con las consecuencias de una manera vana de pensar. El hombre sin Dios es falto de propósito, porque tiene un entendimiento oscurecido, no se identifica con Dios y desconoce sus caminos, tiene un corazón endurecido y la sensibilidad perdida. Vive por sus sentidos, ama toda clase de impureza y se niega a dejar de seguir al mundo.
Contrariamente el cristiano vive iluminado por la luz de Jesucristo y su entendimiento ha sido abierto, anhela profundamente estar con Dios y desea descubrir sus caminos. Clama al Creador para que le cambie el corazón de piedra por uno de carne. Deja de ser una persona guiada por la sensualidad, detesta lo impuro y busca vivir alejado del mundo.
Los impíos viven alejados de Dios por su orgullo intelectual, racionalizando todo y sucumbiendo a todo tipo de excusas, embelesados por la vanidad en sus mentes.
Por supuesto que no aceptan el Evangelio, pues les parece simple locura, porque están completamente apoyados en su propio entendimiento y son sabios en su propia opinión (Proverbios 3:87).
El creyente genuino ama la luz y el camino en santidad, mientras el inconverso ama más las tinieblas que la luz y detesta la vida en santidad. No demuestra el más mínimo interés por satisfacer las exigencias del Señor, su rebelión es completa y visible.
El hombre natural piensa que lo que Dios exige representa demasiado esfuerzo y que además le aleja de lo que a él le satisface, que no es otra cosa que el cumplimiento de sus deseos pecaminosos, que solo son concupiscencias engañosas, que le hacen creer en una falsa felicidad y terminan llevándole a un final miserable y de destrucción.
Oremos clamando por la bendición de gracia de nuestro Señor, para que dejemos de andar en la vanidad de nuestras mentes a fin de evitar vivir una vida de miserias y el justo juicio con el consecuente castigo.
Les deseo un día muy bendecido.

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