VOLVER A EDIFICAR LO QUE CRISTO YA DESTRUYÓ

“Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago.”

Gálatas 2:18 RVR1960

Queridos amigos, vivir por fe en Cristo nos parece algo normal para quienes nos declaramos Sus seguidores, pero inclusive varones de Dios como lo fue el apóstol Pedro en un momento determinado retroceden en su fe.
La inseguridad y el temor suelen jugar malas pasadas a los creyentes verdaderos, especialmente cuando su conocimiento de la Palabra no está debidamente consolidado. Así como en tiempos de Pedro los judaizantes tenían una presencia fuerte, en estos nuevos tiempos contamos, por ejemplo, con las doctrinas de la prosperidad, que influyen para distraer y alejar de la verdadera doctrina de la fe.
En una fiesta de matrimonio me encontré con un amigo que afirma ser cristiano. Pero su fe se sustenta en la liberación de espíritus demoniacos – indica que lo hace exitosamente -, en las dádivas a su iglesia que le traen buenos retornos por parte del cielo, en lo que Dios pone en su corazón y en otras obras milagrosas que Él realiza en su vida. Está centrado en puras obras.
Me quedé pensando y llegué a la conclusión de que no es un creyente verdadero o que es un creyente confundido que se alimenta sólo de leche espiritual, porque su fe no se sustenta en las doctrinas bíblicas, pues su conocimiento es poco profundo y además completamente contaminado por doctrinas anti bíblicas. Aclaro que para ser un convertido genuino no es necesario dominar la Biblia, pero la fe debe estar centrada en Jesucristo y sustentada en la Palabra escrita. Quedó pendiente una conversación profunda con este amigo.
El hombre natural por su condición caída no está en condiciones de poder cumplir con la ley, le es imposible cumplirla a la perfección. La ley le muestra al hombre su terrible estado de indefensión. Gracias al cielo existe un camino de salvación que depende de Cristo y no de los esfuerzos del hombre (las obras). Cristo hizo lo que era imposible realizar para el hombre. Pablo tenía muy claro el concepto de que no se puede obtener la salvación por medio de la obediencia a la ley de Dios.
Pedro estaba siendo influenciado por los judaizantes, lo que causó que se alejara de la fe de Jesucristo. Fue necesario que el apóstol Pablo le recordara que si alguien creyó en Cristo, fue para para ser justificado por la fe de Cristo y no por las obras. Si es así, es definitivamente necio siquiera pensar en volver a la ley.
Si pudiésemos recibir justicia por el mero cumplimiento de la ley, entonces no habría necesidad de la gracia de Dios y el sacrificio de Jesucristo habría sido en vano. Por lo tanto, si vivimos para Dios, es porque hemos sido unidos al Cristo crucificado; Él murió en muerte sustituta por quienes creen en Él, y sólo Él hace posible la vida de fe del convertido.
El hecho de que no sea necesario cumplir con la ley de Dios para conseguir la salvación, no implica que no se deba cumplir la ley. La ley se debe cumplir para sostener una relación correcta con Dios. Cristo no promueve el pecado cuando nos salva mediante la cruz, el salvado verdadero más bien tendrá una vida orientada a esforzarse por no pecar, que se conoce como el camino de santidad.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.

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