“Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.”
1 Corintios 10:5 RVR60
Del pueblo escogido al remanente fiel: lecciones del desierto
Queridos amigos, Pablo está exhortando a los creyentes de Corinto a no confiarse espiritualmente, usando como ejemplo al pueblo de Israel en el desierto (Éxodo – Números).
Israel había sido redimido de Egipto, había pasado el mar rojo, comido maná, bebido agua de la roca… y aun así la mayoría fue incrédula y desobediente. El resultado fue que murieron en el desierto, sin entrar en la tierra prometida.
“De los más de ellos no se agradó Dios…” implica que no fueron pocos, en realidad fue la mayoría del pueblo. Tengamos en cuenta que tener privilegios espirituales no garantiza una espiritualidad verdadera (Hebreos 3:16-19; Judas 1:5).
“…quedaron postrados en el desierto” significa literalmente que estuvieron “caídos, esparcidos en el desierto”, como cuerpos abandonados. Es una imagen de juicio divino por la incredulidad. Esta caída no es solo física, sino tipológica, pues representa la muerte espiritual de aquellos que “oyen” pero no “creen”.
Tiene relación con el Remanente, en la Biblia, el remanente es el grupo pequeño, fiel, preservado por Dios mientras la mayoría se aleja. No se define por mérito humano, sino por gracia divina (1 Corintios 10:5).
La mayoría de Israel salió de Egipto junto con el Remanente fiel y la mayoría de Israel vio los milagros junto con el Remanente fiel, pero la mayoría de Israel fue incrédula y el Remanente fiel perseveró en la fe; la mayoría de Israel murió en el desierto, pero el Remanente fiel entró en la Tierra Prometida (Josué, Caleb)
Josué y Caleb son ejemplo clásico del remanente fiel, pues creyeron la promesa cuando toda una nación murmuraba. “Pero a mi siervo Caleb… lo introduciré a la tierra” (Números 14:24).
Principios bíblicos del Remanente presentes aquí:
No todos los que están en el pueblo visible son parte del pueblo verdadero.
“No todos los que descienden de Israel son Israel.” (Romanos 9:6)
Dios preserva a un pueblo fiel dentro de un pueblo infiel. Elías pensaba estar solo, pero Dios le dice: “Me he reservado 7.000 que no doblaron rodilla a Baal” (1 Reyes 19:18; Romanos 11:4-5).
Los privilegios externos (sacramentos, iglesia, tradición) no salvan.
Solo la fe genuina que produce obediencia.
El remanente hoy en la iglesia visible es que muchos participan de bendiciones espirituales, pero pocos perseveran hasta el fin. Jesús lo enseñó: “Muchos son llamados, pocos escogidos” (Mateo 22:14). Tenemos ejemplos en la parábola de las diez vírgenes, del trigo y la cizaña, etc.
Por lo tanto, puedo estar en medio del pueblo de Dios y aun así vivir sin fe viva.
Puedo estar viviendo como parte de la multitud incrédula o como parte del remanente fiel. Por eso es importante seguir las palabras del apóstol: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.
¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).
Los tiempos de crisis no destruyen al remanente; lo purifican. Dios siempre tiene un pueblo, aunque parezca invisible, pequeño, despreciado.
En conclusión, el versículo nos recuerda que la mayoría puede caer, pero Dios preserva a un remanente fiel. No se trata de religiosidad externa, sino de fe sincera en el Dios que salva. Así como Josué, Caleb, los profetas y los apóstoles, hoy también Dios llama a una fe perseverante y obediente.
Gracia y misericordia de nuestro Señor para ustedes.
“Es mejor decir la verdad que duele y luego sana, que la mentira que consuela y luego mata”. A.R.